Nelys Sandra González Peña
Estudiante de Primer Año de Periodismo
Universidad de Holguín
Por estos tiempos los dolores de cabeza han incrementado sus causas. En especial si analizamos que a poco espacio de su casa, el vecino, en “gesto solidario”, comparte su gusto musical con usted y toda la cuadra; el bici-taxista y el auto estacionado le hacen cómplices de un reñido duelo musical, además del ir y venir de los vehículos sin silenciador y la TV a volumen descomunal.
Por estos tiempos los dolores de cabeza han incrementado sus causas. En especial si analizamos que a poco espacio de su casa, el vecino, en “gesto solidario”, comparte su gusto musical con usted y toda la cuadra; el bici-taxista y el auto estacionado le hacen cómplices de un reñido duelo musical, además del ir y venir de los vehículos sin silenciador y la TV a volumen descomunal.
¿Será que no nos gusta el sueño placentero, la tranquilidad del hogar, el bienestar individual y social? ¿O no estamos concientes de que el ruido causa dolor de cabeza y también contamina?
El ruido es un elemento distorsionador que invade el ambiente, lo deteriora y constituye, hoy día, uno de los contaminantes atmosféricos más agresivos. Es causa de trastornos físicos y desequilibrios psicológicos.
Afirman especialistas que las exposiciones reiteradas a niveles altos de ruidos durante períodos prolongados pueden dañar la estructura del órgano de Corti, localizado en la cóclea o a las susceptibles células sensoriales receptoras (células pilosas), causantes de enfermedades auditivas como el trauma acústico y el desplazamiento temporal y permanente del umbral.
El área de sensación auditiva limita, a niveles de presión sonora bajos, con el umbral de la audición y a niveles muy altos, con el umbral del malestar, sensación de tacto y dolor, por lo que aproximadamente los límites de frecuencia se encuentran entre 20 y 20 mil Hertz. La capacidad del oído para recibir información acústica depende de su capacidad para discriminar pequeñas diferencias en el estímulo acústico.
Por ello, la Norma Cubana 26, regula los niveles permisibles de ruidos en zonas habitadas, así como los requerimientos higiénicos-sanitarios. El Artículo 11 del Decreto-Ley 200 recoge las sanciones aplicadas a niveles excesivos de ruidos: 200 pesos de multa a personas naturales, 2 mil 250 a personas jurídicas, además de la confiscación de los equipos que lo causan.
En la actualidad, los peores contaminadores de la ciudad de Holguín se consideran los locales para ensayos de música, a los que se unen las máquinas y herramientas sin requerimientos técnicos utilizados por cuentapropistas. Estos planteamientos sustentan su base en quejas planteadas por la población, afirma Armando Aguilera Franco, inspector ambiental.
Y es que la sociedad en movimiento constante, todavía no está consciente de la dimensión de este problema medioambiental o incluso de la idea de vivir en comunidad; no respetamos funerarias, cementerios, hospitales, ni hora exacta para provocarlo, nos adaptamos al ruido o, mejor, él nos adaptó, somos víctimas y a la vez sus cómplices.
El ruido es inherente a toda actividad y de alguna forma está relacionado con la vida en comunidad. El planteamiento de un medioambiente sin ruido es esencialmente contradictorio a la actividad social, por esto se ha de buscar un punto de equilibrio entre los niveles de contaminación que producen daños y la cantidad de ruido necesaria para que se pueda desarrollar la sociedad.
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