viernes, 13 de junio de 2008

Escribir para adentro


Iván Romero Torres
Estudiante de Primer Año de Periodismo

Universidad de Holguín


Con la humildad y la sencillez que lo caracterizan, Emerio Medina es de aquellas personas que cautivan por la hondura de su pensamiento y el conocimiento certero de la naturaleza humana.


Este “mayaricero de pura cepa”, Ingeniero Mecánico de profesión, es, actualmente, una figura promisoria de la literatura holguinera. Cuenta con varias publicaciones, entre las que se encuentran Plano secundario (Premio mejor Ópera Prima en la Feria del Libro de Santiago de Cuba), Rendez-vous nocturno para espacios abiertos (Premio de la Ciudad, Holguín 2006) y Viaje a la orilla de un cuento (Premio de la Ciudad, Holguín 2008), además ha alcanzado premios de narrativa en encuentros-debate de talleres de literatura y en los concursos provinciales “León de León” y “Lengua de Pájaro”. Sus cuentos están dotados de un realismo impresionante, al representar con la más completa sinceridad el alma del cubano de hoy. Sentados en el recibidor de su casa, con el ambiente perfumado por el aroma del café recién colado (que espabiló los sentidos y los dispuso en su máxima atención) dialogamos.


¿Cómo llega Emerio Medina a la literatura?
-De forma autodidacta. Al contrario de la mayoría de los literatos que desde pequeños escriben a montones, yo comienzo un poco tarde a escribir mis primeros cuentos, tenía treinta y seis años. De niño leía, preferentemente aventuras y novelas policíacas de los años sesenta, literatura que leería cualquier niño. Con el paso del tiempo, descubrí que tenía inquietudes literarias.


¿Por qué escoge el cuento y no otro género literario, la novela, por ejemplo?
­-El cuento tiene sus ventajas. Es rápido y fácil de concebir. La novela es más cara, te exige demasiada dedicación, tiempo y rigor. Para mí, que trabajo el día entero y aprovecho cualquier instante para escribir el cuento es mucho mejor. No es que sea más fácil escribir un cuento que una novela, pero es más factible.


¿Influencias?
-He sido influido, aunque tardíamente, por Hemingway, García Márquez, Saramago y en especial por Alejo Carpentier. De este último soy un fiel seguidor. Es mi escritor de referencia. Para mí el hombre que ha dicho la mejor palabra. Aunque empecé a escribir sin ellos, poco a poco fui incorporándolos y asiéndome de un arsenal, al punto que podrás encontrar un poco de cada uno en mis obras; cualquiera que me haya leído, y a la vez conozca estos autores, enseguida se dará cuenta.


¿Es posible lidiar con vertientes tan distintas como la ingeniería y la literatura?
-En mi caso sí. Siempre tuve mayor inclinación por las letras. De hecho iba a optar por la carrera de traducción e interpretación del idioma Inglés, pero por otras cuestiones terminé estudiando Ingeniería Mecánica en la extinta Unión Soviética. Con algunos esfuerzos me gradué y ¡no soy mal ingeniero!, pero siempre llevé conmigo ese deseo de escribir.


¿Qué lo animó a hacer literatura para niños?
-Es curioso, en realidad no me propuse escribir para los niños. Me interesa mucho todo lo relacionado con lo fantástico, siempre me ha gustado. La cultura latinoamericana, en cuanto a leyendas y mitología tiene más riquezas incluso que la cultura europea, pero en este aspecto Cuba es muy pobre, quizás sólo posea al Güije como personaje mitológico. Pero sucede que este ha sido utilizado, reutilizado y modificado muchas veces, tanto por la literatura como por la televisión, por tanto me propuse hacer algo diferente. Entonces, junto al Güije de mi historia, aparecen toda una serie de nuevos personajes, todos creados por mí, un poco para darle una identidad, abrirle una puerta nueva… dotar a Cuba de una mitología. Es un poco ambicioso y atrevido de mi parte, pero lo hice para complacerme a mí mismo, al niño que llevo dentro, y resultó que pude complacer a los demás también. Esa es la historia.


Rendez-vous para espacios abiertos” es uno de sus cuentos, ¿por qué escoge este título para el libro que resultó Premio de la Ciudad 2006?
-Surge parafraseando una canción rusa que tenía este título. El cuento narra la historia de un escritor drogado que recorre las calles de La Habana. Está visto desde tres puntos diferentes: del drogadicto, del escritor lúcido y de las personas que lo miran. El cuento es totalmente atípico en el libro, primeramente porque existen una vida y un hábito nocturnos, nocturnidad que no aparece en las zonas rurales donde tienen lugar el resto de las historias; y, además, es un rejuego literario que, conjugando las citas de diferentes autores, distorsiona la narración y la convierte en un absurdo. Por esa peculiaridad, por esa singularidad lo elijo para titular la obra.


He notado que, por lo general, los protagonistas de sus cuentos son la gente sencilla, humilde, de pueblo…
-Es importante que toques este tema. Quiero hacer una especie de postmodernismo que rescate nuestras raíces. Generalmente, los escritores cubanos de estos tiempos, al tratar la temática de la sociedad cubana, se quedan en lo externo, en las cosas que tienen cierto impacto social, como el tema de las salidas ilegales o la marginalidad. Puede que toque alguno de estos temas, pero sólo sería, un recurso, una herramienta. Yo me centro más en el hombre de campo, no sólo en los campesinos propiamente sino también en los intelectuales; hombres que miran a la ciudad con alguna esperanza, de una ciudad que afecta de cierta manera al campo. Intento reflejar al cubano tal cual es, con sus problemas existenciales, sus ganas de vivir o de morir, sus ansias y sus miedos… Se trata de escribir para adentro.


¿Nuevos proyectos?
Actualmente, estoy ocupado en una novela titulada Las luces muertas, más o menos con el mismo perfil de mis otros libros. Tengo en mente otros tres libros y dos para este verano.

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