Rubiel de la Cruz Rabí
Estudiante de Primer año de Periodismo
Universidad de Holguín
Martín Arranz sorprende por su sencillez. Es un hombre grande, no por la estatura, sino por ser capaz de atrapar con su voz, de aferrar a tanta gente que disfruta de buena música, o de convertir en cómplice de la radio a cualquier apasionado por el tango.
Fundador del Teatro Lírico Rodrigo Prats, actor, cantante, locutor de la CMKO Radio Angulo, ha obtenido entre otros premios la Distinción por la Cultura Nacional en 1993, Premio de la Ciudad por el programa radial “Domingo Lírico”, Medalla de Gardel, entregada en Mar del Plata, Argentina, y la medalla Raúl Gómez García por más de 25 años de trabajo en el sector de la cultura.
¿Cómo se convierte Martín Arranz en cantante?
-Inicié antes del triunfo de la Revolución en un coro de la Iglesia Metodista, luego canté en el coro de la Iglesia Católica. Después del primero de enero del ‘59 me incorporé al Coro de Comercio, que dirigía Augusto César Milord, al de Educación y al de la CTC. Por esa época, había un movimiento coral que sería la fuente nutricia del Teatro Lírico de Holguín, que se presentó por primera vez el 16 de noviembre de 1962 con la obra “Los Gavilanes”, en la cual no participé por estar movilizado en la Crisis de Octubre. A los pocos meses, ya en enero de 1963, me presenté por primera vez con el Teatro en Banes.
¿Cómo llega a la radio?
-Desde muy pequeño, con 12 ó 13 años, iba a la antigua CMKO, y participaba en algunos programas de un promotor llamado Chelala. También desde niño, Gardel era como uno de la casa: lo escuchaba diariamente, me acunaron con Gardel. Esto influyó de tal manera que cuando mis padres iban a La Habana, mis hermanos pedían juguetes y yo discos de Gardel, me convertí en un “discófilo gardeliano”.
Un conocido, Eladio Osorio, trabajaba como operador en la CMKO, que desde su fundación mantenía una programación diaria de este cantante. Él supo que yo coleccionaba los discos de este cantante y se lo comunicó a Manuel Angulo, entonces las puertas de la radio se abrieron para mí con el programa “Diario de Gardel”.
Félix González Vega y Vilma Pérez de Aguiar, después del triunfo revolucionario, me hablaron para que nuevamente colaborara con dicho programa, del cual me convertí en director, locutor y realizador. Gracias a este espacio, he tenido la oportunidad de ver crecer un puente de amistad entre argentinos y cubanos. Conocí a hombres extraordinarios como Norberto Collado, timonel del “Granma”, uno de los más grandes gardelianos de Cuba, Alberto Guevara Lynch, padre del Che, y Osvaldo Pugliese, uno de los mejores músicos que ha tenido el tango en su historia.
¿Por qué dice que llegó a “pagar” por estar en el arte?
-Durante la Crisis de Octubre, José Crespi, patrón del teatro, no quería pagarnos, por estar movilizados; por eso digo que nosotros pagamos, en lugar de que nos pagaran, pues trabajamos “por amor al arte”. Yo hasta solicité la intervención del teatro.
En el ‘64, Camayd me pidió que trabajara como subdirector del Lírico, realicé esta función por más de 25 años sin que mediara nada material. En la radio también estuve de manera voluntaria más de 25 años y fui director del Teatro Suñol sin pago alguno.
Con el Lírico ha realizado varias giras internacionales, ¿recuerda alguna en especial?
-En 1987 realiza el Teatro Lírico su primera gira internacional, visitamos Perú. En esa oportunidad presentamos obras cubanas y españolas. Participé en ese viaje no sólo como artista, sino como director de la Compañía, ya que Camayd había partido para Colombia, a trabajar con el Teatro Lírico de La Habana.
Fuimos invitados a la celebración por el aniversario 40 del hotel Trillón y en la actividad que dimos en el Palacio de Convenciones de dicho hotel, dirigida a la burguesía peruana, fue tanto el aplauso y el bullicio de los espectadores, que Orestes Rodríguez, Ministro de Trabajo, subió al escenario y dijo: “Con Cuba nos dividen fronteras psicológicas. ¡Cómo tenemos que aprender de esa isla! Nosotros aquí en Lima, con 8 millones de habitantes, no hemos sido capaces de crear una compañía como esa. ¡Y pensar que no es de la capital, sino de un pueblo llamado Holguín!”.
Otro momento especial, aunque no de la gira, fue cuando en el Primer Congreso del Partido, nuestro Comandante en Jefe manifestó: “Las compañías que en el interior del país han aportado más a la cultura de nuestro pueblo son el Ballet de Camagüey, el Teatro Escambray y el Teatro Lírico de Holguín”.
Además de actor-cantante, ha sido productor y director artístico de espectáculos, ¿qué obra le ha dado mayor satisfacción personal?
-He sido subdirector, jefe de escena, jefe técnico, hasta mozo de limpieza cuando era necesario. Recuerdo especialmente La del soto del Parral, dirigida por Miguel de Grandy en agosto de 1966. En ella representé el personaje del Tío Sabino y sobre este trabajo la prensa publicó: “Martín Arranz actuó con gran sobriedad, desenvoltura…”
Raúl Camayd expresó: “Con personas como Martín todo camina, todo funciona.” ¿Cuánto hay de verdad en eso?
-Cuarenta días antes de morir dejó una grabación donde decía: “Martín es institución, es el alma del Lírico”. Pero otro grande de la cultura cubana, Rodrigo Prats, me bautizó como “El Eléctrico”, por mis actividades artísticas y organizativas dentro del Lírico.
¿Qué significó Camayd para su vida profesional?
-Representó la oportunidad de conocer a un gran artista, a un hombre grande, fundador de todo lo que debía ser fundado. Fue un maestro por sus relaciones humanas, por su desinterés y sencillez. Un ejemplo de cómo era es que cuando se estaba consumiendo en vida en el Hospital Ameijeiras, una enfermera, debido a tantas llamadas que recibía desde Holguín para interesarse por su salud, le preguntó si él era importante, a lo que contestó con una frase: “No, yo soy un hombre muy querido, que es más importante que ser importante”. Me concedió la oportunidad de ser su amigo por siempre.
¿Cómo recibe este homenaje del pueblo holguinero, que le ha dedicado la última edición de su Semana de la Cultura?
-Para mí ha sido un honor muy grande este reconocimiento, considerado el más importante de los que se dan en Holguín. Nunca he trabajado buscando reconocimientos, pero es un honor haber sido seleccionado.
Se puede decir mucho de 45 años de labor ininterrumpida. ¿Queda algo por hacer?
-No te voy hablar más de lo que hice, sí queda mucho por hacer…
viernes, 13 de junio de 2008
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